Historia Moderna·Personajes Históricos

Pedro Serrano (El Robinson Crusoe español)

Después de un pequeño parón vacacional, y ante las insistencias de millones de seguidores, retomamos el blog.

En pleno verano a cuántos no nos gustaría estar en una playita de arena blanca en el caribe; pues a nuestro protagonista de hoy no le hizo mucha gracia, ya que estuvo ocho años en un arenal en mitad de la nada. Es la historia de Pedro Serrano, uno de los personajes en los que se basó Daniel Defoe para escribir su famoso Robinson Crusoe (nombre con más tirón comercial, dónde va a parar).

Nos situamos en 1526 donde nuestro protagonista era capitán de la marina española y viajaba en un barco desde La Habana hasta Cartagena de Indias (Colombia); en mitad de la travesía, un temporal hundió el patache y Pedro, único superviviente llegó a una isla desierta. Bueno más que isla era en realidad un conjunto de atolones con 10-12 kilómetros de perímetro y sin apenas vegetación.

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Situación de la isla

Con la esperanza de que Tom Hanks haría después un peliculón, Pedro Serrano comenzó a sobrevivir: Se dedicó a cazar pequeños cangrejos y camarones de la isla (que además le cantaban -tenía que hacer el chiste, lo siento-) que se comía crudos ya que aún no tenía fuego; poco después observó que las tortugas iban a tierra firme a dormir, de manera que les daba la vuelta y con su cuchillo les cortaba el cuello para beber su sangre y cortaba la carne en filetes que secaba al sol; además, con sus caparazones hizo un pequeño depósito y con unas pocas rocas y algunos caparazones más, un pequeño refugio -cosa que hizo enloquecer de rabia al de Bricomanía-.Finalmente, buscó por toda la isla piedras adecuadas para pedernal e hizo fuego prendiendo partes de su ropa y maderas húmedas del naufragio (el del último superviviente se queda en un simple boy scout al lado de eso).

Así estuvo sólo en la isla durante tres años, sin ni siquiera un balón de voleibol al que hablarle, con las ropas podridas y el pelo y la barba largos; Un día, de repente, se encontró con otro español, Bartolomé Camacho, que había naufragado cerca y llegó durante la madrugada a la isla; según nos cuenta el propio Serrano, el susto que se dieron ambos fue enorme y que, tomándole por demonio salió corriendo gritando «Jesús piedad líbrame del demonio» (siendo español, seguro que lo más suave que gritó fue “me cago en tus muertos”). El otro, al oírle hablar en castellano le dijo «no huyáis hermano, que soy cristiano como vos» (probablemente le diría “en mis muertos no se caga nadie, te voy a reventar la cara, payaso”, con lo que Pedro se dio cuenta de que era español sin duda).

Ya con compañía -aunque Serrano seguro prefería que hubiese naufragado Megan Fox o Anna Simón- se dedicaron a construir una pequeña torre con piedras y caparazones desde la que hacían fuego para que les viesen los barcos, les servía de refugio y además era un depósito más grande; aunque no todo era felicidad ya que nos cuenta Pedro que, en un alarde de españolidad, estuvieron a punto de matarse varias veces “por diferencia de opiniones”. Además Camacho llegó a hacer un “Brexit” y dividieron la isla en dos, con su propio Estatut y Parlament y todo, aunque se dieron cuenta de que era una chorrada.

 

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Cayo Serrana (si, es muy curiosa la forma)

Por fin, en 1534 pasó cerca un navío y vio las señales de humo que les hicieron, andando una barca que les rescató (al verlos con esas barbas y desnudos hubo más de un comentario chismoso en el barco acerca de su hombría). Por desgracia, en el trayecto hasta España, Bartolomé Camacho murió de enfermedad -hay gente sin suerte en la vida-.

 

Cuando llegó a su patria, Pedro Serrano se hizo famoso en seguida y le llevaron a la corte del emperador Carlos V para que contase su historia; cuentan que se dejó el pelo largo, la barba larga e iba con ropajes chillones (vamos, que iba de hipster) lo que conmovió al emperador que le concedió una paga. Tras hacer una gira por toda Europa contando su historia, no escarmentó y volvió a cruzar el mar en barco para irse a Panamá a gastarse allí el dinero – ejemplo que luego tomarían Leo Messi, Almodovar,…-.

Como no se puede tentar tanto a la suerte,  murió nada más llegar. A su muerte su historia se seguía contando por toda Europa y tanto Daniel Defoe como Emilio Salgari la escribieron en sus novelas; en su honor además se llamó a toda la formación “Cayo Serrana“.

Ale, ya tenéis un poquito de curiosidad histórica para hoy. Por favor, cualquier sugerencia, crítica y tema que se os ocurra, no dudéis en proponerlo.

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