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San Valentín (Bombones, vino y “Los puentes de Madison”)

Ya está aquí el día de San Valentín. Día de comprar flores, bombones y de tener que tragarse “El diario de Noa” o cualquier moñería que hayan hecho Hugh Grant o Jennifer Aniston. Pero, ¿Por qué San Valentín? ¿Tan picaflores era?

Pues resulta que no, la historia de la celebración más ñoña del año apenas tiene que ver con el santo, estad atentos que la cosa va en varias fases;

 Os explico:

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Lupercales. “Papá, que ha venido un tío con un látigo y me he quedad preñada”

Nos tenemos que ir al Imperio Romano; parece ser que nuestros amigos romanos tenían dos fiestas en febrero: una, las lupercales en las que unos sacerdotes en taparrabos iban corriendo por la calle azotando con un látigo de pieles de cabra a las mujeres, para que así fuesen más fértiles (os parecerá una chorrada, pero la homeopatía también lo es y ahí sigue).

La otra fiesta era más interesante y se hacía en honor a Juno Februata, diosa de las mujeres y el matrimonio; en esta fiesta se metían los nombres de jóvenes en una caja y luego se sacaban a sorteo. Se iban emparejando y tenían que actuar como novios todo ese día y, si les había gustado el asunto, pues tenían que estar así todo el mes o todo el año (luego la Antena 3 ha hecho un programa igual y les parece súper novedoso).

Cuando llegó la Religión Católica quiso cambiar la fiesta (para disgusto de los feos y alegría de las guapas, cuyo nombre salía seis o siete veces en la caja). Lo primero fue cambiarle el nombre (Juno Februata suena a maldición gitana) y cristianizarla, de modo que se eligió a San Valentín (luego os cuento); después, pasaron de emparejar a la gente y lo cambiaron por nombres de santos. Así, los jóvenes cogían un papel y el santo que les tocase lo tenían que imitar durante todo el año.

Figuraos el cambio: “la fiesta de pillar cacho la vamos a cambiar por la de portarse bien y rezar mucho”. Así que los chavales no cogieron la nueva fiesta con entusiasmo porque imaginaos que a uno le tocaba San Bartolomé (muerto desollado) o a las chicas les tocaba una monja de clausura.

Total, que la cosa siguió con febrero como mes de intentar ligar desesperadamente, ya que los romanos continuaban enviando papeles amorosos a las chicas que querían camelar.

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San Valentín. Tiene toda la pinta de Latin lover vamos.

Vale Martín, ¿y San Valentín qué pinta en este lío? Pues…. Nada, al pobre hombre simplemente le tocó por ser esa fecha. Además, no era uno, sino que se conocen al menos dos santos llamados Valentín –uno, obispo de Interamna y el otro sacerdote de Roma-  que, como no sabían cuando se celebraban, los pusieron todos juntos; después la tradición (es decir, la gente que se aburre mucho y todo se lo inventa) ha contado que el Valentín sacerdote cuando estaba encarcelado –en la cárcel estuvo eso si- pues casaba en secreto a parejas cristianas que iban a verle.

Bueno, esto explica por qué febrero era el mes de intentar ligar y porqué se celebra San Valentín el 14 del mes. Ahora, ¿Y todo el rollo de regalar flores, tarjetas, bombones…?

Bueno, tanto esfuerzo por echar un p  cortejar a una pareja fue surgiendo durante la Edad Media. Como no había cine donde llevarla, ni coche para subirla a un monte, ni tampoco WhatsApp para mandarle emoticonos de corazones, había que ser más imaginativo.

El escritor inglés Geoffrey Chaucer –el de Cuentos de Canterbury- en 1382 escribió un poema hablando del día de San Valentín y de que, como esa fecha los pájaros buscan pareja, pues era un día para el amor. La cosa gustó y los nobles empezaron a escribirse cartas, como los antiguos romanos, el día de San Valentín, llamadas “valentinas”.

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Corazón real (el de tu ex es igual, pero en negro)
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El que dibujó el primer corazón no tenía ni idea de como eran.

Al rey francés Carlos VI le gustó la idea (ya sabemos que los franceses han aportado mucho a las cosas del amor) y organizó también competiciones entre nobles para que el ganador ligase con la doncella que le gustaba. Al final lo de tener un día al año en el que poder mojar seguro se fue popularizando por toda Europa.

Al final, durante el siglo XIX en Gran Bretaña a algún manitas se le ocurrió regalar una tarjeta decorada con lacitos y frases bonitas; para desgracia de los chapuzas, la idea cuajó así que se hizo muy común regalar tarjetas ese día a tu enamorada (supongo ahí surgió la idea del programa Art Attack, que vio un filón entre los desesperados).

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Tarjeta de Howland “Eres especial” (tu y las otras 5904 personas a quien se la han regalado)
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Esther Howland. Precursora de Mr. Wonderful

Como no, los norteamericanos
tenían que meterse por medio: en 1842 Esther Howland (viendo los regalos con macarrones que alguno regalaría) decidió vender masivamente tarjetas de san Valentín con corazoncitos, cupidos y frases bonitas. No deja de ser irónico que miles de mujeres reciban una tarjeta que diga “Eres única”

Al final, la fiesta se ha ido popularizando y la tradición de regalar una tarjeta o un pequeño detalle la han aprovechado los grandes almacenes creando todo tipo de objetos con forma de corazón, ya que “si no regalas a tu novia una caja de bombones de 300 euros, es que no la quieres”.

                                                           Kit básico de San Valentín

Ahí tenéis amigos, esa es la historia del día más triste del año para los solteros y Alex Ubago, y el más feliz para los floristas, las pastelerías y para los vendedores de maquinillas de depilar.

Besos para todos. Sea san Valentín o no.

P.D. Un abrazo fuerte a quienes caerán en la friendzone, ánimo soldados caídos.

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