Historia Moderna·Personajes Históricos

Príncipe Carlos de España (El Joffrey histórico)

 

En plena histeria por la nueva temporada de Juego de Tronos, vamos a ir hablando de algunos protagonistas que están claramente basados en personajes históricos.

Hoy concretamente vamos a hablar del príncipe Carlos de España, hijo de Felipe II, en el cual está basado el personaje de Joffrey Baratheon. ¿Quién es más malvado de los dos? Ahora lo averiguaremos.

 

Aviso, puede contener Spoilers, aunque a estas alturas ya os sabréis la mayoría.

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Príncipe Carlos
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Joffrey Baratheon

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nuestro Carlos era hijo de Felipe II y de María Manuela de Avis, que eran primos hermanos (“cuanto más primo más me arrimo” en su máximo exponente). Aunque  los padres de Joffrey son hermanos mellizos que es peor.

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Como veis,  tenía 4 bisabuelos en vez de 8. (Hay que aprovechar el Paint antes de que lo quiten)

 

 

 

 

 

Nuestro príncipe llegaba a este mundo en 1545 y a los cuatro días su madre moría por causa del parto. Empezamos bien. Como era el primogénito y encima varón, era la alegría de su padre… por poco tiempo; parece ser que no habló hasta los 5 años, que era propenso a coger enfermedades y que siempre fue tartamudo.

Pero eso no es todo, físicamente era un portento: tenía la cabeza muy grande, el pecho hundido, la piel amarillenta, la mandíbula prominente como su abuelo Carlos y una pierna más grande que la otra, de modo que era también cojo.

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Mirada seductora del príncipe Carlos

Con semejante plantel mi abuela diría “siendo tan feo, por lo menos será buena gente”. Pues tampoco. Según las crónicas, disfrutaba asando liebres vivas, ordenó tirar por la ventana a un paje que le molestaba, una vez cegó a los caballos de las cuadras, frecuentaba bastante los burdeles (vale, eso no es extraño para nuestros reyes) y mandó azotar a una criada, aunque luego tuvo que compensarla-.  Por su parte, Joffrey les tiraba flechas asique, en comparación, Carlos no era tan cruel.

 

La cosa empeoraba porque su hermanastro Juan de Austria era todo lo contrario: Alto, guapo, simpático, inteligente… vamos, totalmente odiable.

San Diego de Alcalá
“Si con esto no se cura llamamos al Dr. House”

El colofón llegó para nuestro Carlos cuando, a sus tiernos 18 años, iba persiguiendo a una chica de la corte y se cayó por las escaleras abriéndose la cabeza; el heredero –no lo olvidemos-, estuvo al borde de la muerte y, como no había Ibuprofeno, se probaron varios métodos: se llamó a un curandero morisco que le llenó de ungüentos, había una guardia de monjes rezando noche y día, e incluso se metió en su cama a la momia de fray Diego de Alcalá, ¡quien había muerto 100 años antes!

Si meter en tu cama la momia de un monje no te cura, ni la homeopatía tampoco, era momento de ir a por todas, de modo que el médico real Andrés Vesalio le trepanó el cerebro: Le perforaron el cráneo y le quitaron un trozo (escuchar “Despacito” tiene el mismo efecto).  Y, sorprendentemente,  funcionó.

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Trepanación. Mejor método para olvidar a tu ex

El príncipe se recuperó, pero no mejoró mucho la actitud: se dice que le arrancó la cabeza de un mordisco a una tortuga que le mordió a él, y que ordenó quemar una casa desde la que le habían salpicado con agua sucia –antes se tiraban a la calle-.

Pero nuestra joyita se hacía mayor y ya era hora de buscarle esposa al heredero del imperio español. Las “afortunadas” podrían ser María Estuardo de Inglaterra o Ana de Austria, pero, por suerte para ellas, ninguna fue la elegida. Las elecciones de Joffrey eran Sansa o Margaery Tyrell, sale ganando.

Al final, el propio Felipe II le quitó la churri a su hijo y se casó con Ana de Austria. (son cosas de familia, ya que el padre de Felipe, Carlos I, se lio con la viuda de su propio abuelo, Fernando el Católico. Para qué ver en la tele culebrones si en nuestra historia tenemos miles)

Parece ser que el príncipe Carlos lo que deseaba en realidad era algún cargo político (somos españoles, no lo podemos evitar); como su padre no se lo quería dar, se dedicó a conspirar con los independentistas holandeses como el Conde de Puigdemont   Egmont.

Un día le contó sus planes a Juan de Austria, quien se chivó a Felipe II que decidió encerrar a su hijo; se cuenta que, cuando fueron a por él, tenía una pistola en la almohada e intentó disparar a Juan, pero estaba descargada, de modo que intentó atacarle con una daga. Jorobado, cojo y torpe, poca cosa pudo hacer.

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Majestad, dice que la pizza con piña está buena. Hay que encerrarle ya.

Se le encerró en la torre del Alcázar de Madrid y después en el castillo de Arévalo, y ahí acabó por volverse loco del todo: como le entraba fiebre se dedicaba a beber grandes cantidades de agua helada o llenar su cama de nieve y tirarse desnudo. También se ponía en huelga de hambre y no comía absolutamente nada durante días, pero al tiempo se le olvidaba y se pegaba atracones brutales.

 

Tres años después de su encierro, moría con sólo 23 años; la Leyenda Negra anti española dijo que el propio rey ordenó que le envenenasen (ejem Joffrey…). Pero la realidad es que Carlos nunca había sido muy sano, y menos mal, Imaginaos que nuestro Quasimodo diabólico hubiese llegado a rey.

Así moría uno de los personajes más extraños y oscuros de la historia española. Vosotros diréis quién es peor, Joffrey o Carlos de España.

Valar Morghulis.

 

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